Ya no me besabas, no con tanta gana;
y tus manos eran lánguidas,
los dedos como vagas larvas
adentrándose en mí, perezosas,
devorando lo que ya empezaba a descomponerse.
Tu respiración se aceleraba sin entusiasmo,
sin impulsos, brotes,
no sabía en qué pensabas
mientras yo me sumergía entre tus piernas.
No, no estabas conmigo.
Una noche te mordí fuerte en la espalda,
te giraste lento y me miraste con odio.
Tu ojos gritaban "¿para qué tanta pasión?"
Yo solo te quería vivir,
comer, y atizarte,
a ver si despertabas y salía de ti aquello que una vez conocí.
Intentaba reanimarte,
con fuertes golpes en tu pecho,
pero seguías inerte,
apagándote en cada descarga.
Intenté desesperadamente mantenerte en mi mundo
y tú arrastrabas los pies hacia esa puerta que nos separaba.
Te cogí y te zarandeé
te recordé que debías estar junto a mí,
pero vi tu cara,
sin expresión,
tu cabeza, que el cuello ya no podía sostener,
tus brazos que caían sin fuerza.
Y entonces no solo te dejé marchar por la puerta
sino que te di una patada,
porque la huida también la estabas haciendo lenta.
No podía soportar tanta inapetencia vital.
Así que no lloré,
solo vomité en todas y cada una de las lentas pisadas que dejaste hasta desaparecer,
y después,
después todo volvió a comenzar,
pero con una diferencia,
que ya no quedaban larvas devorándome las entrañas.

2 garraxi:
hay veces que tener larvas en el estomago es tan importante, como otras veces no tenerlas....
yo por ahora te lobiu con dragones en las entrañas!
muxu
Escribes tan bien katalli, he flipado con estos dos últimos textos, con el otro se me cayeron lagrimillas y todo!
una abraçada i cuidat
LaiA
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