07/05/2011

Rescatando textos, de antaño

Hoy tenía pensado decirte toda la verdad. Eso de que quizás todo esto no fuera tan... verdad. Pero he preferido sin pensarlo demasiado, mezclar mis pensamientos con fideos chinos, comérmelos sonriente y hacértelo creer, ya que quién sabe si ésto mañana será verdad.

Hago el frívolo ejercicio de mirarte fijamente un momento y pensar si realmente merece la pena estar aquí. A pesar de estar enfadada (como siempre, o a ratos) contigo sonrío como una capulla mientras me cuentas que para ti no hay diferencia entre los anacardos y los cacahuetes.
"Claro que lo hay" pienso, pero el hecho de que a mí no me importe que a ti te parezca que no, me reafirma en eso de seguir sentada en la silla.

Y pasa el tiempo, así, como meses, y tu anécdota del anacardo se convierte en cualidad. Es cuando decides que lo tienes todo perdido, o, en su defecto, que ya lo has ganado todo.

Con el reintegro incluido.

Pero quien sabe...

Ai mare, quien sabe...

1 garraxi:

violet desvarié dijo...

kasualitatez gaur diskusiotxoa eduki degu anakardo eta almendra naturalez.
Azkenean pistatxoak hartu eta gainontzekoak apalean gelditu dira...

pena transzendentzia falta


bisous